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Indígena protestante: una nueva identidad

October 28th, 2007 · 4 Comments

De otros indios y otras resistencias: los protestantes en Chiapas (II)

Por Carlos Martínez García

Indígenas Mexicanos EvangélicosAlejados de tipologías que les son ajenas, lo que está sucediendo en los pueblos indios de Chiapas, y del país, es que miles de indígenas están optando por una nueva identidad religiosa, el cristianismo evangélico, el protestantismo. En el caso de la parte predominantemente indígena de Chiapas existen municipios, como el de Chenalhó y otros de población tzotzil o tzeltal, que tienen porcentajes de entre 20 y 45 por ciento de población que se declara evangélica.

Recordemos que la media nacional en el mismo rubro apenas supera el cinco por ciento, según el Censo del dos mil. Esta comparación nos muestra que el cambio religioso en las comunidades indígenas de Chiapas, pero también en Oaxaca (aunque con un ritmo más lento) y de otros estados del sur-sureste de México, apunta hacia una creciente pluralización de las creencias religiosas. Esto acontece con mayor celeridad que en los espacios modernos de la nación. Explicar por qué sucede esto no es tema de nuestra exposición, solamente apuntamos lo que arrojan los datos al respecto.

Los factores para diversificar religiosamente Chiapas son múltiples, como lo son los actores que contribuyeron a posicionar el protestantismo en la entidad.(1) No fue, como se afirma reiteradamente, mediante misioneros norteamericanos que se inició el enraizamiento del protestantismo en tierras chiapanecas. Poca atención se ha prestado a una vertiente que considero más influyente en el desarrollo del cristianismo evangélico en esa parte de la geografía nacional. Se trata de las conversiones de indígenas que migraban, en su mayoría por razones de trabajo, a Tabasco y a las fincas cafetaleras del Soconusco. Ya convertidos y/o sensibilizados por la evangelización protestante, fueron los principales difusores del mensaje. Desde finales del siglo XIX existen núcleos evangélicos en la frontera de México con Guatemala. Mames de aquí y de allá convivieron en las fincas con indígenas llegados de Los Altos de Chiapas. Aquellos compartieron sus creencias con éstos, resultando varios conversos que fueron anónimos misioneros al regresar a sus poblaciones alteñas. Esto sucedió entre cuarenta y cincuenta años antes de que llegaran los del Instituto Lingüistico de Verano, organismo que siguen señalando como el que llevó el protestantismo a Chiapas.(2)

Cuando el número de conversos indígenas al protestantismo es muy pequeño no representan reto alguno para su comunidad. Sobre todo porque mantienen sus creencias con nula o escasa expresión pública. Conforme las células crecen y comienzan a llamar la atención de familiares o amigos cercanos, acontecen las reacciones con distintos grados de hostilidad.

En algunos poblados el hostigamiento se torna cotidiano y violento, y tiene continuidad durante dos o tres décadas. En otros el ciclo persecutorio es más corto y los creyentes evangélicos terminan por ganar su espacio. Hoy contamos con investigaciones que nos muestran que las actitudes de la población tienen diferencias importantes, sabemos que históricamente las persecuciones más crudas se han concentrado en dos municipios: Chamula y Las Margaritas.(3)

Es mayormente en Los Altos de Chiapas donde se ha dado el trato más hostigante y con frecuencia violento a los indios protestantes. Las expulsiones iniciaron a mediados de los años sesenta del siglo pasado, se tornan masivas, en el caso de Chamula, en los setentas, y siguen durante los ochentas y noventas. Tenemos conocimiento de esto por el caudal de denuncias de los expulsados ante distintas instancias locales, estatales y nacionales. Prácticamente nadie les hizo caso. Al fin y al cabo eran indios, y además con una práctica religiosa heterodoxa. Por otra parte no todas –ni la mayor parte de- las poblaciones indígenas respondieron con ataques a los nuevos actores religiosos.

¿Por qué sí hubo reacciones en extremo violentas, como en Chamula? El asunto tiene varias aristas. Una de ellas tiene que ver con la impunidad que benefició a los perpetradores de golpizas, despojos y expulsiones. Los líderes chamulas pudieron hacer lo que quisieron con los evangélicos porque no hubo autoridades estatales que les pusieran un alto. Disfrutaron en su municipio de una autonomía de facto, a cambio de garantizar al PRI el cien por ciento de las votaciones. En este sentido es muy certera la explicación de Jan Rus, quien describe a la de Chamula como una Comunidad Revolucionaria Institucional.(4)

En un caso como el anterior, donde existe simbiosis entre lo político y religioso, quien rompe con alguna de esas partes rompe con el todo. Desvincularse del núcleo religioso identitario de la comunidad, es hacerlo también de la organización política y económica de la misma. Donde la identificación con el PRI (y/o los gobiernos estatales emanados de ese partido hasta el año dos mil) fue más intensa, Chamula es un caso paradigmático, la existencia de los grupos de indígenas evangélicos se vio más amenazada.

Los números de expulsados protestantes son muy variados. Hay fuentes que reportan que a lo largo de cuatro décadas son diez mil los desplazados. Otros afirman que son más de treinta mil. Depende de cómo se mide, si se incluyen solamente a los originalmente expulsados, o si se considera en situación de expulsión también a sus descendientes.

Pero incluso en la estimación más baja el número no tiene parangón en la historia contemporánea de México. Estamos ante un caso de violación masiva de derechos humanos, pero también ante un caso de invisibilización sufrido por miles de indígenas cuya suerte no le ha interesado a la mayoría de personajes y organizaciones que usualmente levantan sus críticas cuando se vulnera la dignidad humana.

1) Al respecto consultar Carlos Martínez García, Poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas, Publicaciones El Faro, México, 2004.
2) Un ejemplo reciente es el de J. Jesús María Serna Moreno, “Religiosidad popular en los procesos de construcción de nuevas utopías en algunas comunidades Chiapanecas”, quien escribe: “La evangelización protestante de los indígenas de Chiapas corrió inicialmente a cargo de misioneros norteamericanos y se remonta al año de 1938…”, en Horacio Cerutti Guldberg y Carlos Mondagón Gonzáles (coordinadores), Religión y política en América Latina: La utopía como espacio de resistencia social, UNAM-CCyDEL, México, 2006, p. 99.
3) Carolina Rivera Farfán, María del Carmen García Aguilar, et. al., Diversidad religiosa y conflicto en Chiapas: intereses, utopías y realidades, UNAM-CIESAS-COCyTECH-Gobierno de Chiapas-Secretaría de Gobernación, México, 2005.
4) Jan Rus, “La Comunidad Revolucionaria Institucional: la subversión del gobierno indígena en Los Altos de Chiapas, 1936-1968”, en Juan Pedro Viqueira y Mario Humberto Ruz (editores), Chiapas: Los rumbos de otra historia, UNAM-CIESAS-CEMCA-UdG, 1998, pp. 251-277.

C. Martínez Gcía. es sociólogo, escritor, e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.

© C. M. García, ProtestanteDigital.com (España, 2007).

Tags: DERECHOS HUMANOS · IGLESIA · INDIGENAS · MEXICO · SOCIEDAD

4 responses so far ↓

  • 1 Isa // Oct 29, 2007 at 3:31 am

    Estamos orando por Chiapas ¡precioso estado!
    Saludos.

  • 2 Alejandro Vazquez // Oct 30, 2007 at 7:53 pm

    Hola Isa! Excelente…! Sin duda que necesitan todo nuestro respaldo…
    Saludos!

  • 3 karel golcher // Jan 30, 2008 at 2:43 am

    Gracias por tan valiosa información y reflexión. Yo fuí misionero en los altos de Chiapas en 1995, y créeme que me identifiqué muchísimo con cada aspecto que se describe en este artículo. Aún guardo en mi memoria muchas de las entrevistas que tuve con creyentes indígenas de Chenaló, Panteló, Chamula, etc., quienes vivieron tremendas persecusiones. Recuerdo que, a pesar de que en cierta ocasión me amenazaron con expulsarme de un pueblo por causa de mi fe evangélica y de mi proclama de la justicia y la verdad, pude conducir a varias decenas de personas por el sendero de la salvación en Cristo. De ahÍ en adelante, guardé un espacio en mi corazón para Chiapas. Años después, en 2,002, regresé a Chiapas -ahora acompañado de mi esposa- para pastorear una iglesia en San Cristóbal de Las Casas; y pude notar un leve avance en términos de libertad religiosa. No obstante, la hostilidad, el abuso, el maltrato, y la violación de los derechos humanos del Tzotzil y Zeltal aún están vigentes hasta el día de hoy. Sigamos orando por nuestros hermanos que están al frente de la batalla, que con amor sacrifican su vida por el Señor, para que la luz de Cristo penetre en los corazones de miles de indígenas chiapanecos que viven engañados por las artimañas del enemigo.

  • 4 Alejandro Vazquez // Jan 31, 2008 at 5:06 pm

    Hola Karel, Saludos,
    Que interesante y que valiosas reflexiones podrías compartir con nosotros.
    Sin duda alguna que la labor de líderes y misioneros como tu en esa zona del país ha sido importante para el desarrollo de la fe en medio de las circunstancias tan terribles de persecución religiosa que AUN se vive en Chiapas.
    Es muy significativo ver el alto porcentaje de creyentes que se han desplazado a la fe evangélica, a pesar de las severas consecuencias que sufren de los cacicazgos de las diferentes regiones.
    Ojala puedas tratar este necesario tema en tu blog
    Un abrazo

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